
Ya cierto, muy cierto se hizo que el corazón se hubiese aquietado una noche a dormir la siesta de los 100 años
Los sueños se fecundaron colgando en los techos
Caminaban con ocho patas alrededor de la cama.
Pensaba en el viento, las hojas chocando entre ellas dando palmadas
De bienvenida a los pasos
Unos extraños que se iban acercando entre sí
Comentaban el clima frío y la oscilación del tiempo.
Por momentos alegre mi corazón despertaba de saltos en saltos
Se acogía firmemente al suelo
Daba vueltas como un perro con la cola alrededor queriendo morderme a mi mismo.
En un paradero ansioso, el viento oscuro se envolvía en ramas
Venían dos niños de la mano, cantando. Dos entre uno que conocía.
Iba entre la multitud sostenido en la idea.
Retornando de lo triste una flama prendía las ramas del viento
Que se quedaba en los niños.
Era una niña con ojos como platos que miraba y miraba
Y era un niño con los ojos cerrados que soñaba
Ella se ponía toda roja y se metía en mi ropa
arrobaba mi boca, me arrojaba a las flamas.
André Ivre - Jueves 26/08/2010
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