martes, 9 de junio de 2009

El Yacer en el Prado


Como será que hoy te vi
Cerrando los ojos artificiales, dormías
Del otro lado, olía la calle
El excremento de un perro bajo mis botas oscuras.
Me comuniqué con Tom, un gato amigo tuyo
Caminamos directo al prado, y no recuerdo
Como es que llegamos.
¡Papá!, gritabas y me jalabas la ropa
Seguía tontamente creyendo que dormías.
Una oreja mía, me picaba y me crecía
Mi mano izquierda sufría de hormigueo
y su hermana con la que te hice un día ajeno.
Te tomaba de la espalda para tenerte en la espera.
Me leí las obras de Dylan sin entenderlas
Luego te dije “estás más loca que ayer”
Cuando te parieron.
Un amigo mío, explicome que es difícil la poesía
Pero de un tanto se le hace añicos, ser cursi y sonriente.
Yo me eché sobre la hierba y te olí
Jazmines y opio, te parecías a mí.
Sin querer me tiré en tu cabeza y nos revolcamos.
Dos puercos enlodados que se burlaban,
Nos veían.
Ven, sigamos que el bosque es grande
Quizás se hable con lechuzas que no duermen de noche.
No decías mucho, muy silenciosa, solo fragancia.
Vi que ibas ha buscar a extraños.
Un hombre gordo pronunció, ¡qué prodigio!
¿Uno es lo que escribe o lo que se muestra por fuera?
Jazmines y opio, te parecías a mí.
Le dije a mi amigo, el que me habló de poesía.
¡Tengo la boca llena de suciedad!,
Si es bien tuyo, ayúdame a limpiarla,
Él me propuso, puedes si quieres,
¡Por tu bien callarla!
Morirán las iglesias sin continúas con tu increencia.
Escribí mil cartas dirigidas al papado
Que soy ateo, loco, y riguroso en mi indecente.
Me pueden dar la horca, o la silla eléctrica, si quieren.
Tendré de amante a mis hijos, si son machos o hembras.
No veo quien me lo pueda impedir.
Acá todos se tapan la porquería, hasta un padre con hábito
Se tiene de celibato falso.
El Perú es más indígena que el polo blanco en ralo
y si es racista el más negro de los negros.
Quién me podría impedir burlarme de las normas.
Me emborracharé y me drogaré a gusto
Con mis crías, y ya verás que me recordaran
Como a Mosse David en otro tono liláceo
Sin tanto escándalo pomposo.
Luego hasta el Papa, dirá que bueno que era.
¿Imaginará acaso que no elevé mi rezo a su iglesia?
Apenas mi abuela, la mujer de ojos pequeños
Regalo a mi edad tierna, el rosario.
Las oraciones una a una, se convirtieron obcecas.
¡Bah!, he leído la biblia de los hombres
El Coran y Alá, corren hacia la misma senda
del paraíso prometido.
Buda hasta cree en la propuesta de lo imposible
Y creo yo que hasta eso es posible.
Y es que, te vi hoy, te acabo de ver ahora
Jazmines y opio, te pareces a mí.

Andre Ivre (El Libertino Guardado 2009)

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